jueves, 17 de abril de 2008

FILOSOFÍA EN UN PÁRRAFO (III): Roger Waters

Hay ocasiones en las que, bien por puro y falso aburrimiento, o bien por puro placer interior, me pongo a pensar sin saber certeramente en qué. Es decir, sin un objetivo fijo, sólo pensar, y seguramente olvidarme instantes después de todo en lo que he pensado. El objetivo final es parecido al de soñar. Es poner a trabajar las "neuronas oxiacetilénicas" a una hora del día en la que no están acostumbradas, pero al fin y al cabo, el destino final es el mismo: el olvido. Sin embargo, hoy, sin saber muy bien por qué me acuerdo de con qué he empezado a pensar, y con qué he acabado. Finalizar con algo completamente distinto a con lo que se ha empezado es del todo habitual, pero casi nunca tengo el privilegio de recordar el comienzo de todo este engranaje. Me viene a la memoria que he empezado a abstraerme del mundo real cuando he escuchado en la M80 que Roger Waters, un ex Pink Floyd, dará un concierto espectacular en España, y he terminado pensando en esa mediocrilla película de serie B llamada Terminator. Sé que entre los dos pensamientos ha habido otros distintos y más extraños, pero es curioso la semejanza metafórica de los extremos de todos ellos. Pues Roger Waters es como un Terminator que tiene que venir desde el pasado (futuro, pasado, qué mas da) para salvar a un mundo infectado de cantantes sacados al azar de entre la basura mediante una máquina tragaperras con gancho, cuyo único final puede ser el fin total de la música bien elaborada.

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